REINA DE LOS MARES

¡Qué bella advocación ésta! Y además la que más puede presumir de llevar este nombre. Vive durante todo el año bajo las aguas mediterráneas de nuestra bahía, en la zona de La Malagueta y dentro de poco saldrá a la superficie para ser venerada por el pueblo malagueño aunque sea por unas horas. Horas de devoción carmelitana a la orilla de la mar por cuantos acuden a la ceremonia subacuática y por los mismos submarinistas que la tienen por patrona. Bajo la carpa, Ella irradia amor… y entre vítores y aclamaciones llega a su sede canónica al templo de San Gabriel para la ceremonia religiosa… Se viven momentos de emoción como los que vive quien esto firma.

Aún recuerdo mi modesta prosa en su honor al cumplirse los primeros veinticinco años de su bendición. Puse todo mi saber y emoción en la oratoria y al decir de muchos, gustó. Lo que más me sorprendió, fue que en el altar mayor figurara un ejemplar de dicho pregón y que al propio tiempo el párroco aludió en su intervención. María, para quien esto escribe, es algo sublime. Soy mariano en devoción y firmeza. En cuantas veces he intervenido, el amor a María, en la advocación que fuera, llena mi viejo corazón de fe cada vez más y de esta imagen que permanece bajo las aguas, mi fe se acrecienta aún más.

Allá por el siglo XII, el abad de Claraval, San Bernardo, decía que la Virgen era para él, la estrella, la barca, la luz, el puerto, el faro, y sobre todo era alguien que había colmado las excelencias de Dios. Aquí la fe del verdadero cristiano. Escribir sobre María bajo la advocación carmelitana, haría interminable esta breve reflexión epistolar.

En estos tiempos que atravesamos de laicismo, el amor a María y su Divino Hijo, bajo el escapulario carmelitano, la devoción y fe aumenta cada día más. No hay momentos en nuestras vidas, sea mañana, tarde, o noche en que acudamos a Ella, que nos guíe, que nos ampare…

Se acerca el día señalado en el calendario litúrgico y mariano para el orbe cristiano y carmelita: 16 de Julio cuando el mundo marinero, desde el pescador con su barca varada en la orilla, hasta el alto mando de nuestra Armada, rinda una vez pleitesía a su patrona, la Virgen del Carmen. Málaga, como siempre, junto a sus submarinistas, hará honor a su devoción y fe carmelitana cuando sea sumergida de las aguas en esa mañana de sol malacitano. Todos estaremos con María, bajo la advocación tan acertada de Reina de los Mares.

Pedro Vicario     


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