EL OTRO JABEGOTE

 

No, no era llegada la hora aquella en que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Eran los días previos y vísperas del tercer domingo de Adviento. Ese periodo de cuatro semanas que antecede a la Navidad y cuyo cometido es preparar y prepararnos para recibir al Hijo de Dios. Era el viernes 11 de di-ciembre cuando el presidente de la asociación Nuestra Señora del Carmen, Patrona de los submarinistas malagueños, acordaba los preparativos, como cada año, con la concejala de nuestro ayuntamiento, Teresa López, para instalar el belén subacuático a los pies de la Santísima Virgen del Carmen que se encuentra en la hornacina de hormigón en aguas del Roqueo del Perro, frente a los bloques de Cantó. La cosa no tenía mayor problema dado que ya son muchos años los que se viene realizando esta entrañable tradición que en un alarde del ¡más difícil todavía!, se lleva a efecto bajo nuestra mar “salá”.

Generalmente, en estas fechas, casi todos nos volvemos más sensibles por diversos motivos a cual más intimo y entrañable. En esta conversación, Teresa se puso un tanto melancólica y triste, mientras sus preciosos ojos se arrasaban de esa lágrima que a toda mujer luchadora le mana desde lo más profundo del corazón pero que, por cargo y oficio, sólo puede dejar entrever, bailando, por el filo de unos párpados, cuya misión es mantenerlas a buen recaudo y que bañen su rostro, curtido en mil batallas diarias, cuando medita en la intimidad más absoluta, aquellos combates que no pudo librar o que las circunstancias le hicieron perder.

Su interlocutor se había percatado de la emoción del momento y se interesó por su estado. ¿Ocurre algo? ¿Hay alguien de la familia con algún problema? Tomó aire como quien sabe que respira por última vez, y viéndose descubierta se confesó:

- La hija de unos íntimos amigos de la familia, una joven de treinta años, enfermera, se debate en-tre la vida y la muerte, en coma, ingresada en su mismo trabajo, la clínica de El Ángel, con el virus de la Gripe A; neumonía, hígado y páncreas afectados seriamente facilitan un lamentable diagnóstico a los doc-tores, que sólo le dan unos días de vida. Lo más probable es que no llegue a la Navidad. Y prosiguió:
- Yo te rogaría que cuando bajéis a instalar el belén, le arranques una conchita, alguna lapa, que se haya pegado a la imagen de la Virgen y me la traigas como reliquia para llevársela y ponerla junto a esta chica en el hospital. Soy muy devota de esta Virgen y le estoy pidiendo que la salve con toda mi alma y mi corazón.

Nuestros buceadores bajaron en la mañana del día siguiente, sábado, radiante como pocas y lo que es normal desde julio que la sacaron por su onomástica, hasta ahora, es que algo se hubiera pegado a la imagen, igual que a cualquier casco de embarcación que permanece en el agua tantos meses de forma continuada. La Virgen se mostraba como lo que es, Inmaculada, sin mancha ni costra, ni señal de crustáceo alguno, ni la más mínima concha de lapa por pequeña que fue-ra. Pero la cosa sólo acababa de empezar.

Cuando hace ya más de veinte años se sumergió la hornacina, en aquel pedio no había nada más que alguna roca. Tan es así y por aquello de permanecer sumergida, la Virgen no tiene más flores que las de plástico que periódicamente le ponen nuestros buzos malagueños. No hay más en el silencio de la profundidad marina donde “Manolillo” pasa las horas jugando con la morralla típica de nuestra costa. Hasta allí se acercan los alevines de nuestros 17 peces para jugar con el Supremo Hacedor desde los brazos de su Madre. Probablemente por esta razón, la Señora goza ahora de un vergel de gorgonias, que están creciendo sobre el hormigón de la hornacina, hecho que hasta ahora no se había producido. La Virgen ya tiene flores. Flores variadas de esta especie que es planta y es animal, una especie de coral que se reproduce mediante puesta de huevos diminutos que llegado un tiempo eclosionan larvas diminutas y forman una especie de plancton que deriva en estas formaciones o sirve de alimento. Debo advertir que son pocas las variedades de gorgonias que pueden darse en nuestras aguas y a poca profundidad: la sarmentosa (en fondos de arena); roja, la más caracterís-tica del Mediterráneo; la escarlata, bastante escasa y muy castigada por ciertas artes de pesca; la blanca (tampoco es muy frecuente), y la amarilla.

Hecha esta salvedad para que se aprecie la importante aparición de esta planta en la hornacina, prosigo. Era la hora del Ángelus, oración que procuran hacer sumergidos cada vez que vistan a su patro-na. Nuestros buceadores, ante la imposibilidad de cumplir con lo solicitado, optaron por tomar una gor-gonia próxima a la Virgen del Carmen y una vez en tierra, se la entregaron a Teresa que con sumo cuida-do y respeto, protegió en una bolsa de plástico y una vez terminado el almuerzo con que se obsequió a los participantes y a los niños del Centro de Acogida del Distrito Este de nuestra ciudad, la llevó al sanatorio y la entregó al padre de esta chica gravemente enferma.

No se trataba del santo escapulario que la Santísima Virgen entregara a san Simón Stock y que generaciones de devotos marianos carmelitas usan y veneran a lo largo de sus vidas. Era simplemente una pequeña flor tomada de su reta-blo subacuático. No había más, pero era lo más cercano a la Madre de Dios. La fe se ocuparía del resto. Ese padre, entre rezos y sollozos había tomado entre sus manos algo que su fe y la de su amiga que la había llevado, era un remedio forzo-samente milagroso. Con esa idea lo pasó por todo el cuerpo de su hija.

No se trataba de aplicar algún líquido que destila-ra la planta, se trataba simplemente de pasar a la enferma todo el amor de la Divina Madre; la grandeza del primer templo humano de Jesús. Y cuando realmente se pide con fe, se cumple irremisiblemente aquello de: “Pedid y se os dará”.

Las primeras luces del martes 15 anunciaban una buena nueva en el interior hospitalario. La habitación de nuestra joven enferma quedaba iluminada, seguramente, por la gracia divina y abriendo los ojos vio a sus padres y les dijo: tengo hambre. ¿Cuánto llevo sin comer? El júbilo se apoderó de familiares y facultativos que ante la noticia acu-dieron urgentemente junto ¿a la enferma? Clínicamente no era posible lo que estaban viendo y mucho menos, los resultados de las pruebas posteriores. Alguien se había adelantado y había hecho un gran rega-lo, un regalo de amor y de vida. Unos lo llamamos milagro, otros prodigio, algunos, casualidad, pero lo que es evidente es que la fe, la que sale de lo más profundo de nuestro corazón llega a Dios en forma de ruego que siempre es atendido, aunque algunas veces no se acomode exactamente a nuestro gusto o de-seo.

Y ahí, en el Roqueo del Perro, a unas pocas brazas del Paseo Marítimo malagueño, está un santua-rio de la Virgen del Carmen que seguro, con una gorgonia hecha escapulario, ha protegido la vida y el alma de una joven que se debatía inconsciente, junto con sus familiares, por lograr disfrutar un poco más este mundo terrenal. No olvidéis cuando paseéis por esa zona, acercarse al mar y saludar a la Reina de los Mares: Dios te salve, Virgen del Carmen. Llena eres de la gracia de Dios y la sal de nuestro mar. El Se-ñor, “Manolito”, está en tus brazos. Bendita seas por siempre entre las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre que prodiga ésta y otras manifestaciones de grandeza y poder divino cada segundo de nuestras vidas.

 

           Por Juan G. Arrabal Granados        

 


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