ESTRELLA DE LOS MARES

 

Todos conocemos que la advocación de la Santísima Virgen Inmaculada del Carmen viene difundida en el tiempo a través de la orden carmelitana, única que pudo y supo interpretar la visión de Elías que se relata en el Libro de los Reyes (1, 18-44) como símbolo y representación de la Virgen Inmaculada a la que ya, desde siglos antes de que se proclamara el dogma, quedaba recogido en la liturgia de los monjes carmelitas, una misa muy especial dedica exclusivamente a solemnizar y festejar la Inmaculada Concepción de María.

La historia de la Virgen del Carmen se escribe en el Monte Carmelo, promontorio montañoso que preside la costa oriental mediterránea, cerca de lo que en su tiempo fue Galilea y que en sus aledaños alberga infinidad de grutas y cuevas que antes que a los ermitaños y frailes carmelitas cobijó al profeta Elías en el siglo IX antes de Cristo. Como se puede ver es un sistema montañoso de larga tradición mariana. Este paisaje caracteriza a esta zona y en el sobresale el monte santo que se eleva a modo de faro y guía para los navegantes que lo contemplan. Pasa igual que en nuestra costa cuando los marineros adivinan el abrigo de nuestro puerto al contemplar los montes conocidos como “Tetas de Málaga”. Y es que antes de que la navegación contara con los últimos avances de la electrónica  había que navegar por cielo y mar valiéndose de marcas especificas localizadas en tierra. Pero cuando la fe es la que nos guía, en este caso en la Virgen del Carmen, ella es la que se convierte en nuestra referencia y de ahí que sea considerada como estrella del mar.

Las invasiones sarracenas obligaron a los frailes a abandonar su monte; por ese y otros motivos podemos decir muchas veces que Dios escribe con los renglones torcidos. Este éxodo facilitó en gran manera la propagación de esta orden por todo el mundo, siempre guiados por esa estrella, la Santísima Virgen del Carmen, la estrella del Monte Carmelo. Allí donde se asentaron estos frailes marianos germinó con mayor fuerza el amor a María bajo la advocación del Carmen. Cuentan que antes de abandonar su primitivo asentamiento, cuando cantaban el Salve Regina, se les apareció la Virgen y les prometió ser su Estrella de Mar. Otras teorías apuntan a que San Simón Stock la llamaba en sus oraciones “Flor del Carmelo” y “Estrella del Mar”.

Estas oraciones de San Simón Stock tienen  mucho que ver con otro prodigio ocurrido allá por 1246 cuando pedía la intervención de la Virgen para que la orden carmelita no desapareciera. Es entonces cuando la Santísima Virgen le entrega el escapulario que viene a significar la protección de María poniéndonos bajo una tela, igual que hizo con Jesús en su nacimiento, al envolverlo en su manto. El segundo significado no es otro que el de identificarnos con su marca, su signo como consagración a María. Y por último, y por su forma de caer sobre los hombros, el yugo que Jesús nos invita a cargar y que la Virgen Santísima nos ayuda a llevar. Hoy tan de moda el agnosticismo de conveniencia debemos recordar que su uso implica una petición silenciosa de asistencia continua a la Santísima Virgen y por tanto, debemos ser consecuentes, un escapulario, una medalla, es símbolo de nuestra identidad como católicos, vinculados de forma íntima a Cristo y María y por ello, debemos vivir lo que ello conlleva y significa.

Que las tempestades de la naturaleza y las del alma amainen con tu intercesión divina. Que su escapulario de amor nos proteja y nos haga fuertes ante las inclemencias que la vida nos ofrece a cada instante. Virgen del Carmen, ruega por nosotros. Amén.

           Por Juan G. Arrabal Granados        


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